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10月12日 Io Volgio Ritornare Al Paradiso¿Creíais que os íbais a escapar? Pues no, pequeños padawans, no se me olvida que tengo que hacer una crónica... Aquella que prometí que sería la más larga y entretenida jamás contada. Bueno, si es que me pierde la boca xD. Haré lo que se pueda, lo prometo. Se van a cumplir en pocos días dos meses que comenzó mi andadura por Italia. Doce días magníficos, como ya habré dicho antes, que han constituido una de las mejores vacaciones de mi vida. ¿Fue para tanto? Sí, sin ninguna duda. Y como no quiero que tan estupendo viaje se quede sin su "diario", aquí me pongo la mañana del día de la Hispanidad, que como todo el mundo sabe, el desfile es un coñazo demasiado grande para ver. ¡Bravo Mariano! xD
MARTES, 19 DE AGOSTO
El despertador suena a las 9:00 de la mañana en algún lugar del barrio madrileño de Prosperidad. El día ha llegado. No hay mucho que hacer porque la sra Roncatina ya se preparó la noche anterior. Me da hasta tiempo de decir adiós por estos lares. Hay nervios, como siempre, pero no muchos. Nos vamos en metro dirección a la T4. Joer, cómo me gusta este aeropuerto, siempre lo diré. Localizado el mostrador, nos despedimos de Roncantina "hasta dentro de unas horas" y nos disponemos a pasar el rato. Acabo haciendo fotos de todo, sí. Luego, un tentempié. Luego, ir al baño. Pasamos los controles. Vuelta al baño. Otro tentempié, esta vez la comida. Yo prefiero guardar los sandwiches para el avión. ¡Ya queda menos! No hay ni gota de retraso y montamos puntuales en Iberia. ¡Qué logro! Las dos horas del viaje se pasan volando, y eso que apenas duermo. Sigo haciendo fotos. ¡Y por fin tocamos suelo en Roma, aeropuerto de Fiumiccino! Nada más recoger las maletas encontramos la primera modernidad, seguratas con pastores alemanes de 2x2 olisqueando todo. Uuuuu, y yo llevaba Chips&Joy abiertas en la mochila... Me dio la neura y pensé que irían detrás de mí pero no. Como suele suceder, los aeropuertos extranjeros están donde Cristo perdió la zapatilla y hay que coger un tren a la ciudad. ¡Y qué manía de hacer trenes con tan poco espacio para maletas y con los asientos en contra de la marcha, ostia! Es que me indigno.
Nos bajamos en Garbatella (supuestamente la parada de metro más cercana al hotel) y tras pelearnos un poco con la máquina de los billetes de metro salimos al exterior. Ajá, esto es Roma (más bien, el pino nº30 de Roma). Pero menos es nada. Así que todo recto al hotel... Pujando de la maleta con el calor, ay madre. Cuando llegamos no me lo creía. Estaba muy guapo el hotel, aunque eso sí, lejos... Por suerte había una parada de buses justo enfrente que comunicaba con varios puntos del centro. Lo siguiente es dejar la maleta y tirarme en la cama un rato, para volver a ser persona, y después lavarse un poco. ¡Preparados pues para la primera tarde en la Ciudad Eterna!
Cogemos uno de los buses, que promete llevar a la Fontana di Trevi y según nos vamos acercando a la humanidad, me doy cuenta de la potra que hemos tenido. ¡Es un jodido bus turístico al precio de uno normal! Las Termas de Caracalla, el Foro Boario, la Boca de la Verità, el teatro de Marcelo, el templo de Apolo Sosiano, la Tarta de Boda (también conocido como Monumento a Victor Manuel II) o las escaleras del Campidoglio son algunas de las cosas que vimos antes de meternos en el centro. Y llegamos a la última parada. Pero no vemos la Fontana. Ah vale, que la zona es peatonal (mala memoria) y hay que meterse en unas callejuelas. Y ahí está, ahí está, ¡la Fontana di Trevi! Hasta los topes. Todo el mundo tirando monedas y fotos. Mis acompañantes se apabullan. ¡Anda que no les queda! Hacemos las fotos de rigor y decidimos subir a la zona del Quirinale, que no queda lejos. No la había visto en el otro viaje y es preciosa. Además estaba atardeciendo y pudimos disfrutar de una bonita estampa con la cúpula del Vaticano de fondo. Vemos el Palacio donde vive el jefe de la República y un peculiar cambio de guardia, el obelisco con Cástor y Póllux... Géminis, por tanto, mis dioses. No lejos queda la zona del foro, y bajando por otra zona llegamos al Foro de Trajano, con sus Mercados iluminados, su Columna y su foro propiamente dicho. Al anochecer todo estaba precioso.
Ya hay hambre y es el momento en que mi padre saca su superfajo de anotaciones con cosas de interés para buscar sitio donde cenar. Nos llama la atención una cadena que es Insalata Rica, y localizamos una cerca de la Piazza Navona. Así que allá vamos. Primero hicimos fotos a la plaza (lástima que la fuente de los Cuatro Ríos de Bernini estuviera en restauración) y luego ya fuimos al restaurante. Dios, qué lasaña... era rara, no era la típica ni de Gallo ni la que pillas aquí en un restaurante, estaba como deconstruida pero riquísima. Y la ensalada tampoco estaba mal. Después de un gelatto en una heladería supergraciosa muy cercana (avellana, chocolate, nata y galleta, qué perdición) hay que retirarse y lo volvemos a hacer en bus, ya que hay una parada dtrás de la plaza que nos lleva al hotel. Ya allí, metida en la cama, en medio sopor, llego a la conclusión de que los doce días... prometen.
MIÉRCOLES, 20 DE AGOSTO:
Comenzamos con buen pié, sí señores, hoy madrugón y de los gordos, a las seis todos levantados para ir al Vaticano. Cuando bajamos al buffet (muy interesante él) descubrimos que los más madrugadores son como siempre los japoneses seguidos de alemanes e ingleses. El bus tarda un poco para nuestra desesperación (yo estaba que no cagaba para ir con tiempo suficiente a los Museos) y cuando por fin llega nos plantamos en poco tiempo allí. En el camino podemos ver como van los romanos al trabajo... Caminamos un trecho y llegamos a las Murallas Vaticanas. La cola es, como decirlo... ¿enorme? Sin embargo, en cuanto abrieron, a eso de las ocho y media, entramos casi en 15 minutos... Coger la entrada fue un caos, con toda la gente en el vestíbulo, y ya hecho... ¡estábamos dentro! El Museo Chiaramonti y el Braccio Nuovo con esculturas clásicas, el Museo Egipcio, el Etrusco, los mapas y tapices, las Estancias de Rafael, la Capilla Sixtina, la Biblioteca, el Museo Profano con sarcófagos paleocristianos, la Pinacoteca... Puedo jactarme de haberlo visto y sin ir a mil revoluciones. Eso sí, echamos la mañana larga allí, pero bien merecida. No sé que fue lo que más me gustó, fue sin duda un totum revolutum bien surtido, pero podría quedarme con todas las obras que he dado este año y que conseguí ver (el Apoxiomeno, Augusto Prima Porta, el ánfora de Ajax y Aquiles) o las estancias de Rafael, que no pude ver hace dos años.
Al salir caía un sol que aplanaba y nos comimos unas pizzas en un resturante cercano típico para turistas (donde descubrí la forma estilizada de las botes de refresco italianos). Después nos fuimos a ver la Basílica de San Pedro, todo un lujo romano (chiste malo, lo sé). Ya sabéis, enoooorme. Al salir seguimos la Via della Conciliazione todo recto hasta desembocar en el Castel Sant'Angelo, que cumpli mi deseo de ver de cerca. Preciosas las estatuas de los ángeles armados... un rollo muy chungo xD. Cruzamos el puente y siguiendo la orilla del Tíber llegamos al Ara Pacis, otra maravilla. Mi hermana comenzaba a desesperarse: ¿es que todos los días van a ser cosas de Arte?. Y yo: ejem pues... esto es Italia. ¡Qué pasada! Lo mejor fue recorrerlo por dentro a solas, era como evadirse a otra época...
Siguiendo con la racha de arte de la antigüedad nos fuimos hasta el Panteón de Agripa, reconvertido en iglesia. Jo, cómo mola ver las cosas cuando te las han explicado... parece que no estás ahí de balde xD. Después de sentarnos un ratito y bebernos la quintuagésima botella de agua del día nos vamos en metro hasta la zona de la Plaza de la República, parando en Termini. Lo priemro fue Santa María Maggiore, que me pareción un tanto extraña (no como esperaba). Después, a buscar Sta Maria della Vittoria. En el camino mi hermana se compró un vasito con sandía (algo muy típico, parece ser, que vimos por todos los lados adonde fuimos) mientras papá y yo entrábamos a curiosear Santa Maria degli Angeli, emplazada en parte de las Termas de Diocleciano. Tampoco estaba mal. Pero lo mejor llegó con la otra iglesia, della Vittoria. Era pequeñita, muy barroca ella, con una gran sorpresa a un lado del altar... el Éxtasis de Santa Teresa de Bernini. Yo sabía de sobra que estaba allí y a eso iba, y no lloré de puro milagro. Mi gran Bernini... qué gran escultura, aunque no tanto en el tamaño, porque es chiquitaja! ¡Qué sorpresa! Y lo mejor de nuevo era estar medio sola viéndola... Así se disfruta mejor.
Apenas eran las siete de la tarde y estábamos reventados, además todo lo que se podía ver ya estaba cerrando. Así que decidimos pararnos en la Plaza della Republica a tomar un refresquito en el McDonalds que ahi allí. Las palomas invadían las mesas con comida... indescriptible xD. Papa de nuevo saco el superfajo y decidimos comer en una trattoria cercana al Coliseo. Pero para eso había que coger el metro. Nos plantamos allí en metro y disfrutamos de otro atardecer viendo el Coliseo por fuera o el Arco de Constatino. He de decir que mientras yo tiraba fotos a cada parte del segundo, mi padre y mi hermana se sentaron frente al Coliseo con sobredosis de arte.
A las nueve ya estábamos en la Trattoria, una autentica pasada, con sus mantelines a cuadros, sus velitas y sus recipientes con queso provolone. Mis raviolis con mozzarella y tomate estaban de rechupete. Y lo mejor fue que el camarero era hispanoamericano y nos entendimos perfectamente.
El mismo bus del día anterior nos llevó al hotel y por segundo día consecutivo constatamos que el empedrado de Roma y la suspensión de sus autobuses dejan mucho que desear... Lo bueno era que llegabas sin una mota de polvo al hotel xD.
JUEVES, 21 DE AGOSTO
El despertador no suena tan pronto como ayer (a eso de las 7 de la mañana). Hoy nos toca visita antigua, y la primera parada es el Foro Romano. El bus nos dejó en el Campidoglio y dimos un rodeo cojonudo para llegar (lo peor fue que era al sol). Una vez dentro había muy poquita gente y podíamos recorrerlo tranquilamente. La Curia, el Arco de Septimio Severo, el templo de las vestales, el templo de Antonino y Faustina, la Basílica de Majencio, el Arco de Tito, restos y más restos... Visto el Foro subimos a la Domus Augustana, lo poco que queda en el Palatino del hogar del césar Augusto. En esto el calor se va haciendo más sofocante y el sol pega cada vez más. Visto ya el foro, nos vamos al Coliseo o al Anfiteatro Flavio. Por suerte la entrada del foro y el Coliseo es conjunto así que no tuvimos que esperar nada al entrar (la cola para cogerlas primero en el Coliseo era de aúpa). Vimos los tres pisos, en uno de ellos incluso había una exposición, y salimos de nuevo al "infierno" tras un buen descanso para ir al Campidoglio y visitar los Museos Capitolinos y de los Conservadores.
Podría decirse que es el mismo museo pero en edificios diferentes, uno a cada lado de la plaza, comunicados por un pasaje subterráneo. Recorrimos primero el Capitolino, el que yo ya había visto, y que cuenta con grandes obras como el original del Marco Aurelio a caballo, Pseudo Bruto, el Espinario, la Loba Capitolina... Después nos fuimos al de los Conservadores, que no le desmerece en nada: lo primero que vimos fue el patio donde se encuentran los restos de la estatua gigante de Constantino o los relieves de las provincias del tiempo de los Antoninos. Y en sus pasillos, más grandes obras: la Venus Cnidia, Eros tensando el arco, el Gálata Herido... Y de nuevo no vuelve a estar muy lleno. Así da gusto.
Cerca no encontramos restaurantes que nos convenzan y andamos un poquito hasta llegar a una cafetería que tenía unos cuantos platos de pasta corriente a buen precio, así que decidimos pararnos. ¡Y qué gran decisión! Me comí unos espaguetis carbonara caseros estupendos, además descubrí que para ellos carbonara no es la salsa que tenemos nosotros de nata y becon, sino que además lleva huevo. Para más inri, resulta que estábamos delante de la Iglesia de Il Ghèsu, un hito constructivo del Barroco.
Tenía muy claro a qué íbamos a destinar la tarde: visitar Villa Borguese, unos jardines al norte de Roma donde se encuentra el Musoe Borguese, famoso por su estricta entrada y sus obras de Bernini. La palabra mágica era ésta última. Así que nos dirigimos en metro a la parada más cercana. Ni que decir tiene que fue una tarde extraña: nada más salir de la parada aparecimos en meido del campo, que eso parecía de todo menos unos jardines barrocos. Investigando llegamos a la puerta del recinto ya un nos quedaba un trecho hasta llegar al museo de escultura (no lejos también está la Villa Giulia, con el Museo Nacional de Arte Etrusco). Al llegar al museo (un edificio precioso, por cierto) fuimos directos a pedir hora, porque es así como va. Yo había ledío que había que reservar por internet (lo cual era carisismo) porque si no, no entrabas, pero nos arriesgamos y nos dieron hora para las 5 de ese día (llegamos a eso de las 4). Así que a descansar se ha dicho. Un ratito en el aseo, otro en la tienda (me llevé unos cuantos souvenirs, porque no dejan hacer fotos) y el resto tirada en el prado de la entrada. A las cinco entramos, y a als seis y emdia habíamos salido, pero es que se ve rápido, ye so que yo me detuve lo mío en la planta de escultura. ¡Qué decir! ¡Que me encantó! El Rapto de Proserpina, el David, Eneas huyendo de Troya, la Cabra Amaltea, y sin duda la mejor... ¡Apolo y Dafne! Creo que no lloré de puro milagro. Pero había más que Bernini en ese museo, como por ejemplo Paulina Bonaparte de Cánova, otra preciosidad. También hay que decir que el edificio en sí es una pasada.
Una vez fuera recorrimos un poco los jardines y como ya atardecía nos fuimos a la Piazza Spagna (la famosa de las escaleras) a sentarnos un poco (después de ver la iglesia de Trinità al Monti). Justo enfrente teníamos el eje central para las compras caras en Roma: Via Condotti, que después del descanso nos recorrimos. Y caminando caminando llegamos a la Piazza del Popolo ya de noche. Cenamos en una trattoria no muy lejos, yo unos tortellini con salsa de queso que estaban riquísimos.
Con pena (yo por lo menos) dimos el último paseo nocturno por Roma, con el gelatto de turno. Al día siguiente tocaba viaje y nos fuimos al hotel con tiempo para reorganizar la maleta, cogiendo un bus desde Piazza Venecia. Volveré, lo tengo muy claro.
VIERNES, 22 DE AGOSTO
Con algo de pena (yo mucha, la verdad) nos toca despedirnos de la Ciudad Eterna. Nos vamos con las maletas en bus hasta Piramide, donde tenemos que coger el tren hasta el aeropuerto. No, no vamos a coger un vuelo, sino a recoger el coche que tenemos alquilado (ya me voy a conocer el aeropuerto al dedillo). Un estupendo Lancia Musa, de un negro reluciente, nos espera en el parking. ¡Así vaya que si da gusto viajar! Enganchamos ese invento del diablo llamado GPS con la dirección del parking de venecia (al que llegaríamos por la tarde).
Salimos relativamente pronto y ya hace un sol del copón. El viaje es tranquilo por la autopista. Hago fotos a los carteles, escucho música y duermo algo, y llega la hora de comer. Y ahora es cuando os dais cuenta de lo pequeño que es el mundo, porque manda huevos que vuelva a parar en la misma área de servicio en la que pare dos años antes. Increíble, como poco. A la poca sombra que hay nos comemos unos bocadillos, vamos a vaciar líquidos y retomamos el viaje, en el que no fui persona para nada. Me desperté a unos 20 kilómetros de Venecia, con el GPS hablando a todo trapo. Sin mucho porblemas llegamos a Torcello, una isla cerca al continente donde dejamos el coche por dos días. Y de fondo en el parking, la "Lista degli Quaranta"
De nuevo cargando maletas nos vamos al vaporetto que nos acerca a la Venecia más pura. Mi hermana está que no cabe de gozo. Yo digo hola de nuevo al Gran Canal y a sus aguas. Nos bajamos en Rialto (la parada más cerca al hotel) y un poco a la buena de Dios nos ponemos a buscarlo. Quince minutos largos que tardamos, porque la numeración de las calles era un poco liosa. Pero por fin llegamos a la Piazza Sta Maria Formosa. No miento cuando digo que el hotel de Venecia es el mejor al que fuimos: en el puñetero centro de la ciudad, con un baño nuevisimo, una habitación con sus muebles antiguos y un edificio precioso. Y el recepcionista era un buenazo que hasta le dio miedo decirnos que no había ascensor, pero eso ni nos importaba.
Después del aseo de rigor salimos a dar una vuelta por la ciudad, bañada por el atardecer. Lo primero, la Piazza de San Marcos, con la hermosa Basílica y el Campanile. Después de estar un rato viendo el espectáculo de la plaza con todos los cafés y conciertos nos acercamos al frente del Palazzo Ducale y vemos también el Ponte dei Sospiri. Con todo esto ya se ha hecho d enoche y es la hora de cenar, así que nos aventuramos entre las callejuelas y acabamos en un restaurante comiéndonos unas pizzas muy elaboradas ellas. Después nos acercamos al Ponte Rialto y tras eso al hotel, porque al día siguiente tenemos una misión importante: ¡disfrutar Venezia!
(Próximamente, más y mejor, atentos a sus ordenadores). 引用通告此日志的引用通告 URL 是: http://elvirita89.spaces.live.com/blog/cns!C3FEA963FA138830!7699.trak 引用此项的网络日志
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